miércoles, 9 de octubre de 2013

Sacrificio. Andrei Tarkovsky

"Ahora, pequeño, tienes que venir a ayudarme.
Hace ya muchísimo tiempo, un monje de un monasterio ortodoxo, plantó un árbol seco en la montaña.
Era igual que éste, y le dijo a su discípulo que regara el árbol cada día hasta que cobrara vida...por favor, acercarme esas piedras...
Y desde entonces, todos los días por la mañana, temprano, subía la montaña con un cubo de agua y al atardecer volvía al monasterio.
Así lo hizo durante tres años, hasta que un maravilloso día, cuando fue a regar su árbol, como siempre hacía, vio algo excepcional: Toda su copa se hallaba cubierta de hermosas flores.
Digan lo que digan, esa manera de proceder, puede darte resultados extraordinarios, es decir, que si todos los días, a la misma hora, sistemáticamente, hiciéramos lo mismo, estableciendo un ritual, el mundo sin duda alguna cambiaría, estoy absolutamente convencido de ello. Los japoneses lo llamarían Ikebama."

Transcripción del texto inicial de la película.

miércoles, 3 de abril de 2013

CABARET (Bob Fosse)

DONDE LOS ZÓCALOS SON AZULES.


"Recuerdo a esa chica llamada Elsie, alquilamos juntas una habitación de mala muerte en Chelsea, vendía su boca y su cuerpo por una miseria. Murió. Llevaba una mala vida. Los vecinos hablaban de ella con sonrisas contenidas. Cuando la vi parecía una reina. Era el cadáver más feliz que había visto en mi vida.
Recuerdo que ella me decía: ¿Qué tiene de bueno estar sólo y encerrado en una habitación? Ven a escuchar la música sonar! Venga, amigo, la vida es un cabaret!"

Versión libre de un fragmento del tema principal de la película.

domingo, 27 de enero de 2013

La pianista de Saló. (Saló o los 120 días de Sodoma. Pier Paolo Pasolini.)


Se quedan colgando del piano los dos últimos acordes.
Se levanta, se alisa la falda recatadamente, se peina con los dedos y cierra los ojos intentando escuchar algo del silencio que ha quedado, pero sólo atiende a las voces internas de esa sordidez.
Atraviesa la sala sin mirar atrás, no soporta el recuerdo de lo que, durante 120 días escuchó a su espalda, sin perder un sólo compás.

Cruza las estancias y los corredores perseguida por su propia culpa, por su piedad manchada, sin mirar atrás, por temor a quedar convertida en una estatua de sal. No es la esposa que deseaba ver cómo ardía todo y se consumía en muerte, es el fuego mismo, el deseo de arder abruptamente, quemada por la combustión de su propia perversión.

Sabe bien que desea hacerlo, pero cuando divisa aquella puerta pequeña al final del pasillo le invade la cobardía y entiende que es la misma que somete la voluntad de otros y la que le ha dado palabras de música, silencio que no liberará, que nunca hará nada más que sonar de fondo y que le transformará en insignificante basura miserable.

Atraviesa la habitación, junto a la ventana hay una silla (en el patio se escuchan sus gritos), se pone de pie sobre el asiento (huele a sangre y a semen), impulsa su cuerpo hacia el vacío (llanto y gemidos, súplicas y muerte).

Muerte dibujada sobre los adoquines, una muerte convencional, como un disparo piadoso.


jueves, 29 de noviembre de 2012

EMMA O LA MUJER DESPECHADA. (JOHNNY GUITAR, NICHOLAS RAY).


Emma Small es una mujer valiente, altanera y decidida, atractiva e inteligente.

Pero hay algo que nadie ignora. Algo que nunca la igualará ante Viena; la degradación de sentirse despechada.

Igual que la carcoma, que debilita y acaba por romper las fibras de la madera, hace tiempo que perdió su brío y su elegancia, se apaga muy lentamente a los ojos del mundo, mientras que en su interior va creciendo una llama de odio incontrolable.

Sólo conoce un fin; la muerte de su oscuridad o la suya propia.

El dios de la locura se ha ido apoderando de ella, avanzando inevitablemente, abrazándola, presionando sus órganos vitales...

Ya no se reconoce cuando se encuentra ante ella, la representación viva de sus pesadillas, porque su belleza acentúa todos sus defectos.

Kid la prefirió un día a ella y así todo se quemó arrasando lo que quedaba en ella de humano, convirtiéndola en acero de guillotina, dulce de veneno, tierra de fosa de cementerio y en el deseo de bailar sobre ella cuando desaparezca en el espacio y en el tiempo.

Sin remordimientos.

Arden su casa y su piano porque ya los quemó, pero nada es suficiente para unos ojos podridos de ira, así que ahora hará que la ejecuten.

Su caballo saldrá disparado y su cuello se partirá, dejando un eco de crujido seco dentro del tronco de un árbol.

Se quedará sola, danzando a un lado y al otro, con su vestido blanco, con los ojos abiertos y la lengua colgando, hasta que mañana a mediodía los cuervos hayan dado cuenta de ella.



Sin remordimientos.

Lobo. (Mike Nichols).


Ignoran

la llamada que enmudece la manada,

el baile del cuerpo bullicioso.


Velocidades y temperaturas

se queman

cortando el alma del inquieto.

Devengo lobo, lobo entre lobos,

sangre violeta.


Tu diván,

crece alrededor de tu  neurosis,

hombre o mujer de silencios convulsos,


Guillotina, ciega razón,

aullido fuerte y poderoso.


Es la hora.

Eres rápido, estratega y astuto.

Ya no hay piedad.

Lames la noche entre los cristales rotos del tiempo.


Eres el miedo de los caminos,

la mirada de los siglos,

el oído lejano,

el pensamiento que revienta

y se desparrama

amarillo

sobre Central Park.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Medianoche de las palabras. (Babel; Alejandro González Iñárritu.)


Citar las palabras de la biblia es comprar demasiado barato.

Te hablo del giro del viento, de la incomprensión de tanta incomprensión.

Miedo y huida, el reproche en tus manos que no se quedan conmigo, al menos en este principio desorbitado.

Miedo y huida, prejuicios fijados, certeros, decisiones equivocadas.

Miedo y huida, la sangre que mancha la roca pudo ser parte de mi, pero ahora desaparece y me siento culpable de ser un chico con suerte en una ciudad sin ley.

La incomunicación más afilada, silencio en los años del ruido, impotencia desde los rascacielos donde observo desnuda el tráfico nervioso.

Éxodo en mutitud, las palabras son demasiado baratas.

sábado, 22 de septiembre de 2012

SOBRE LA TIERRA. (Hamlet. El honor de la venganza, Franco Zeffirelli.)



El sepulturero canta mientras abre una brecha en el suelo del tamaño de una mujer menuda.
Mira a lo lejos y divisa dos hombres de negro a caballo. Se acercan y preguntan quién estará debajo de esa tierra mañana. El sepulturero prefiere responder con evasivas.

                                                              * * * * * *


El príncipe salvado de morir en Inglaterra desciende de su caballo, yo le sigo y nos aproximamos a la sepultura.
Tras unos minutos de infructuosa conversación con el obrero, tomamos asiento junto a los montones de arena húmeda que sale de la garganta de la tierra.

¿Cuánto tarda un cuerpo en descomponerse totalmente?
Unos ocho años, señor, aunque algunos tardan más... Éste, por ejemplo lleva muerto veintitrés años.
¿Sabes quien era?
Como no he de saberlo! Era el bufón del Rey.
                                         
                                                               * * * * * *


Me incliné y cogí con mis manos ese cráneo amarillento y ajado que me miraba desde su vacuidad.
Le devolví la mirada buscando el espectro de lo que debieron ser sus ojos.
Ah Yorick, viejo amigo! Yo te recuerdo!
Aquí, debajo de este vacío se encontraban los hombros a los que tanto trepé en mi niñez y sobre estos huesos colgaban los labios que tantas veces besé con afecto, los mismos que se abrían para hacer ridículas muecas, cantar burdas canciones, proferir locuaces insultos... Te recuerdo, amigo,
¿Dónde está todo eso ahora? Se lo llevó el tiempo, la muerte sólo ha dejado de ti esta carcasa inerte e inservible que no ama ni recuerda...

Anda, ve al cuarto de mi dama y dile que debajo de esa gruesa capa de maquillaje que se pone cada día, se esconde el aspecto que ahora tú mismo presentas!
                                                             
                                                               * * * * * *


Al día siguiente, en ese mismo lugar, daban sepultura a la joven Ofelia.



 Reescritura libre de fragmentos de la película.